jeudi 10 décembre 2009

SOBRE EL DESIERTO DE RETZ


Cerca de París, existe un jardín extraordinario, creado por el aristócrata Racine de Monville poco antes de la Revolución Francesa. Durante muchos años, estuvo en el olvido. Es quizá eso lo que lo conservó en su estado original. En el Désert de Retz había, además de plantas y árboles exóticos, varios pabellones delirantes: una columna toscana, una pirámide egipcia, una pagoda china, una abadía gótica en ruinas... Es uno de mis lugares preferidos y por eso le dediqué este poema y la pintura que lo acompaña.
LEJOS DE RETZ
1789

Por la ventana oval transcurren,
atraviesan los siglos y las luces,
caminan en lo alto del bambú,
escriben en el aire jugando con el tiempo.

Por la ventana oval me vuelvo torre,
redonda mansión abierta a los viajeros,
por la ventana oval el tablero se define
y puedo vivir en el jardín y el arpa
en el ardor de las miradas,
en la insolación de julio, en la pirámide de hielo.

De la ventana oval,
sonámbula, atravieso objetos huecos:
cortina en terciopelo, trajes de seda a rayas,
zapatos y otras cosas que olvidadas
se amontonaron luego
en el salón redondo de la casa,
al llegar la torva y sus placeres;
cuando zafiros y otras joyas
compraron viajes y comida...

Quedaron los fantasmas,
las huellas
de diferentes cuerpos
en su cama.

OTROS DOS POEMAS SOBRE SUEÑOS


LAS CÁMARAS SECRETAS

También quiero pintar
la habitación secreta,
aquella a la que sólo
algunos predilectos llegan;
aquella que de pronto se aparece
cuando soñamos el departamento
y descubrimos con alegría el ignorado espacio
para abrir y disfrutar de contrabando.

Está siempre en la penumbra
y parece encontrarse eternamente
en aquél edificio parisino:
una de esas casas viejas y agotadas.
en cuyas escaleras, corredores puertas y estancias
circulé durante tanto tiempo;
tanto, que se incrustaron en mi cuerpo
tanto, que ahora también él tiene cámaras secretas
lugares cóncavos, convexos
donde guardo cosas que a veces me fastidian,
y entonces limpio en grande
tirando a la basura podridos dinosaurios
juguetes rotos y músicas usadas como trapeadores,
aunque también la habitación secreta
puede ser delicia y llamarse única, exclusiva y personal
como la de Virginia Woolf.

En mi casa hay una así,
no tan oscura pero sólo mía;
tiene forma de abanico, en ella vuelan
suspendidos o veloces encantamientos de mis manos,
atuendos novohispanos, fotos familiares,
deseos vueltos polvo,
pero polvo enamorado;
recuerdos vivos como gatos.

Los muebles azules, las ternuras,
barnices de uñas, pavorreales
los libros gordos y alemanes,
las zapatillas bailando solas y en la barra,
la mirada oblicua del hombre del tranvía
y el cuerpo de Tintán, igualito al comandante J.
de tan encuerado.

Las cámaras secretas,
por dentro y fuera,
se aposentan en mi sueño,
y ahí mueren.




SUEÑOS DE INVIERNO

Rumbos de alfombra,
cosas viejas
inservibles trastos
¿caminar hacia atrás
es bueno para el corazón?
Me lo pregunto.

Ramas negras de invierno
humedad en la cabeza
vidrios empañados
¿Dónde está la luz?

Vivo en el tiempo somnoliento
de un país de tranvías de juguete
recorriendo venas de otro cuerpo,
de otro tiempo, de otros retazos

diciembre sabe a hielo
a suplicios locos.

Son mis sueños
en este lado
de los hemisferios.
Lirio GB, 2009

jeudi 5 novembre 2009

UN POEMA SOBRE SUEÑOS


OTRO LADO

De aquí salgo vestida
con sábanas, almohada
y edredón.

Una vez en el umbral
atravieso desnuda
la atmósfera del sueño
y me visto de gente,
de viajes, de lugares,
de variados objetos ruidosos
o del silencio;
de colores sordos o chillones
de besos locos
de alcoholes invencibles.

El sueño es mi vestido
urdimbre y trama
un álbum vivo de familia
estampas que ondulan
en mi cuerpo
marcas de agua
trágicos errores.

El sueño teje leves paños
membranas de diamante,
enredos viejos
con nuevas fibras;
el sueño es una alfombra voladora
un tapiz precioso
poblado de unicornios, elefantes
y momias botánicas.

Son los sueños hilos
estampados en la mano,
extensos tatuajes
brutales trampas de la noche,
señales en caminos invisibles
puertas de retornos falsos.

En el zaguán de la vuelta
inicio siempre el día
con ropa nueva.


DOS POEMAS DE LIRIO SOBRE LA MÚSICA

TRIO
para JLC

Él
alguna vez me dijo
estar preñado de música
y ahora algo
en la geometría flexible del trío
me lleva de la mano a la tibieza.

Ungida, preñada estoy también
no evoco ni recuerdo
no pregunto, estoy lejos de la carne
sin hojas ni ladridos
sin montañas
sin besos ni miradas
sólo notas
no mi cuerpo
en el agua violeta
un pentagrama
tiempo fluyente
tiempo detenido
yo y los otros
¿cuántos somos?

Palpamos todos
la respiración de un hombre
muerto hace dos siglos.

ORQUESTA

Reflexión de pólvora
vara delineante
y opulentos trazos.

Sus largos dedos
dibujan coordenadas,
segmentos, ojivas
e inquietas columnatas.

Cabe todo ahora en el silencio
en la lluvia entretejida por mi mano
casi tocando el hielo de su imperio
preciso como la escuadra
puntiagudo y frágil como la razón.

Dejo que fluya en mis arterias
dejo que surja a tiempo
como esa zapatilla
cuyo sudor
se disfraza de belleza.





mardi 22 septembre 2009

HACIA EL DESIERTO


(Esta crónica de viaje la escribí después de nuestra última visita a Marruecos)

¿Porqué esta carretera llena de polvo me da miedo? Quizá porque conforme nos aproximamos del desierto el calor se hace más y más intenso y también porque el sol está velado por una extraña bruma que poca relación tiene con la bruma fría que conocemos.
Esta bruma es el envoltorio del infierno. Me doy cuenta de que la vez pasada no llegamos hasta aquí, de que nos detuvimos en las primeras dunas, porque Nina era demasiado pequeña. Seis años después Nina tiene nueve años, y viene acompañada de su prima Alejandra, de trece. Ambas quieren ver el lugar “donde se termina el mundo”…

Jean Pierre dice que no hay problema, que el tramo de cien kilómetros entre Zagora y M’Hamid será fácil, “estaremos en una hora”, declara categórico. Conforme pasa el tiempo (y los kilómetros), nos damos cuenta de que el hipotético tiempo no tiene mucho que ver con la realidad. Nos adentramos en el calor, en el polvo y en lugares donde no se ve un alma. O quizá sí: alguna pastora vestida de negro, aparición arreando un rebaño de cabras, cubierta de la arena y casi invisible en la bruma solar.

Son casi las seis de la tarde y sólo hemos hecho cuarenta y tantos kilómetros. La carretera se hace cada vez más angosta y tengo la certidumbre de que si bien llegaremos a M’Hamid antes del anochecer, el camino de regreso lo haremos de noche. Me empieza a entrar una terrible angustia de madre mexicana: ¿y si nos asaltan? ¿porqué exponemos así al peligro a mi hija y a mi sobrina? ¿y si se descompone el Renault 4? ¿y si tenemos que pernoctar en algún lugar recóndito?

Pasamos por parajes extraños, montañas lunares, planicies desiertas donde de vez en cuando brota una palmera. Seguimos fieles a los postes y al hilo telefónico. Se termina y vuelve en alternancia. El calor continúa, cada vez más asfixiante, y también mi miedo. Nunca tuve un miedo así desde que me metí a bucear en Oia, aquella isla griega. Al adentrarme en el agua aquella vez, llegué de pronto a un lugar donde ya no había fondo, donde el volcán acuático se hundía en el abismo. Nunca en mi vida tuve esa sensación de terror, de soledad, de pánico. Aquí no llega a tanto, pero empieza a parecerme horrible esta desolación, angustiante este aislamiento.

De tanto en tanto, un camión de carga nos embiste en sentido contrario. Como no hay lugar para dos vehículos, tenemos que bajar a la cuneta, muy alta por la acción de la erosión en el pavimento. Jean-Pierre, impasible en apariencia, lo esquiva, sigue manejando. Las niñas están cansadas pero la promesa del desierto las mantiene interesadas en el camino. La montaña por fin se termina, ahora entramos en el oasis, aunque este no nos parezca muy hospitalario. En realidad se trata de una estrecha franja de verdor a ambos lados del camino, palmeras, yucas, algunas hortalizas. Y esto en medio de la arena. El polvo no nos deja ver claramente, el sol se esconde tras la bruma y está próximo a desaparecer. ¿Cómo regresaremos?

Al cabo de lo que me parece muchísimo tiempo, llegamos al pueblo, después de ver pasar hoteles de lujo construidos con adobe, casas, hombres en bicicleta, niños jugando… ¡Me parece tan extraño encontrar aquí hoteles de cinco o seis estrellas!

M’Hamid es un pueblito color tierra, como sus los pobres edificios hubiesen surgido de repente de las entrañas del planeta. No se ve nada extraordinario: gente ocupada, niños jugando fútbol, alguna tiendita vendiendo lo indispensable. Jean Pierre atraviesa el pueblo como si lo conociera. Va directo al final del camino.
Nina nos muestra un cartel anunciando un café: “Le Petit Prince”, ¡El Principito! digo entusiasmada. Me parece genial encontrar una referencia a esa obra que tanto le gusta a mi hija y que fue formadora para mí: el Sahara, un niño, la aviación, los viajes…

Por desgracia, el café está cerrado. Continuamos cien o doscientos metros más en el valiente Renault4 de mi suegra. Llegamos a la última casa. La rodea una enorme barda de adobe, tiene dos torres a la entrada del patio. Allí se termina el camino. De aquí puedes ir a Tombuctú en 52 días de camello. Hay una pequeña colina, rocas en la arena. El calor se calmó y ahora sólo queda el agotamiento, también cierto sosiego. Ale y Nina comienzan a quejarse porque el desierto, según ellas, no es esto. Quieren ver las dunas de inmediato. Les explicamos que las dunas están un poco lejos, pero que el Sahara empieza aquí. Me pone de mal humor su desilusión, les digo que cuando se casen, sus maridos bien las pueden traer al desierto de luna de miel.

El albergue se llama “La boussole du Sahara”. De ella sale un hombre joven. Unos treinta años, alto, hermoso pelo negro ensortijado; lindo rostro. Sonríe con dientes echados a perder. Trae la djellabah azul claro con bordes dorados que usan los hombres del sur y va descalzo. Habla con Jean-Pierre, lo invita a pasar al patio, a tomar un té. Yo me resisto porque tengo presente el asedio de tantos comerciantes para vendernos todo y nada, en Marrakech y durante todo el camino al sur. Pero Jean Pierre, razonablemente dice que no nos vendría mal descansar, tomar algo antes del retorno, puesto que sólo vinimos a eso: a ver el umbral del desierto.

Acepto más por cansancio que por gusto. El hombre nos hace pasar, se llama Abdou y nos instala en una banca de adobe adosada a un muro de la casa. Iniciamos una larga conversación; nos cuenta de su vida, de su actividad: es guía de turistas, alberga gente, organiza circuitos en camello. “Durante la temporada alta este patio está lleno de tiendas de campaña donde duermen los turistas, hacemos grandes fiestas”, viene mucha gente de todos los países”.

Nos pregunta cosas sobre nosotros, sobre nuestra vida. Nos habla de su estancia en una escuela militar de Kenitra, donde Jean Pierre nació… El diálogo fluye, estamos sentados en el patio de tierra, entre palmeras enanas, frente a una charola de latón. Llega una gata flaquita; se llama Fifí, Nina y Ale la acarician, hacen preguntas a nuestro anfitrión sobre ella y su bebé . Empiezo a respirar, el cielo de plomo se vuelve hospitalario; el calor, delicioso. Cuando llega el té, estamos en un estado que pocas veces he conocido: serenidad única, luz, aire; soledad y compañía. Me gusta este momento en el que el árbol famélico no da sombra alguna y sin embargo estoy protegida. Todos bebemos varios vasos de un té muy fuerte y dulce. Pasa el tiempo, ya no tengo miedo. Creo que Jean-Pierre está tan feliz como yo. Silencio a veces. Nadie lo rompe, nadie habla por hablar. Reposo, paz. Me pregunto cómo será vivir aquí. Abdou parece tan contento con su vida. Le contamos Guanajuato, nuestra vida en el campo, nuestro trabajo. Este es en verdad un extraño instante. Lo degusto como un vaso del más delicioso champagne, lo vivo para recordarlo después, a diez mil kilómetros de aquí.

Al salir del pueblo, varias horas más tarde, la noche es negra como el África (dixit Alejandra). Me doy cuenta de que olvide mi cámara fotográfica. No vale gran cosa, pero tiene muchas fotos del viaje. Regresamos y él está allí, en el portal, con la cámara en la mano. Le digo que en México, cuando alguien olvida algo, es que tiene ganas de volver. El lo cree también.

El regreso transcurre animadamente. Abdou nos dijo que la carretera de noche no representa peligro alguno. Yo estoy llena de energía, salvada. Nina no para de hablar durante el camino. Vuelvo a pensar en voz alta: “es una lástima que el café del Principito estuviese cerrado…” Jean-Pierre replica: “¿Para qué querías ir al café si lo viste a él en persona?”
Creo que tiene razón.

lundi 3 août 2009

Dos poemas sobre mitología prehispánica

Ilustraciones de Nina Olga Buono

COATLICUE

Quiero jugar
con tu falda de serpientes,
con tu collar
de humanas perlas:
“¡hueso, hueso,
cuánto hueso!”

Tus colmillos están listos
para el pozole de víbora
que me preparas cada noche,
madre,
“¡Suena, suena cascabel!”


Desde que lo recuerdo
fui arrullado con tu música
y comí de tu maíz
madre tierra, piel de barro,
regañona y gorda
así te quiero madre
con tus ocupaciones
de mover montañas
y hacer temblar el suelo;
de dar comida
y castigar a los que olvidan
que de ti nacimos
todos.

Madre de todos los dioses en la tradición azteca. Diosa de la tierra, del fuego y de los cielos del sur. Si bien representaba la primavera, es decir la vida, también se le asociaba con la muerte.




QUETZALCÓATL

Va bajando
escalón tras escalón
de la pirámide,
pero no cae como nosotros
pues desliza su piel
de papel lustre
y su plumaje
en sinuosa danza
cada solsticio.

Viene del interior
de la montaña
del exterior del aire;
fue perro ciego
colmillo de la sombra.

Bajó y bajó
para subir después
y con sus plumas
verde menta
traer presagios
de fin del mundo.





Dios azteca, tolteca y de otros pueblos mesoamericanos. Conocido como la “Serpiente emplumada” representa el poder creador, el agua, la vida, el viento, la bondad, la sabiduría. Es el protector de la agricultura.

samedi 18 juillet 2009

PASOS Y ZAPATOS


Entre las cosas que me fascinan, están los zapatos. Así que he aquí un poema sobre ellos:

COLECCION

No es la imbécil vanidad sino el recuerdo
del paso dado ni quien lo quita
del paso dado y de la herida
trazada en este mundo por mis pies.

Con los huaraches de San Luis
caminé un verano
por calles y playas de Cadaqués;
con los rosa mexicano de brocado
fui al teatro azteca de don Porfirio
me deslicé en marmóreos pisos
salude de beso al director de orquesta
entré al baño más lujoso que haber pudiere
y al camerino de la estrella

Con estos
rotos en las puntas de lona rosa casi blanca
camino en círculo la danza de mi cuarto
hago pliés y demi-pliés, pointes y demi pointes
frente a una barra de metal

Con los floridos tenis voy a trabajar a la cárcel para niños
pensando en que quizá el dibujo de naranja dulce
y flor de azahar les alegre los minutos.

Con las zapatillas negras y flexibles
sueño un baile y en realidad camino
por calles rugosas escarpadas cual montañas;
con las botas de minero exploro la planicie de una ciudad cercana
sus historias y sus patios.

Pueden ser lisos o violetas rayados o de flores
de plástico, de cuero o lona
con resortes integrados o tiras atravesando como puentes
planos siempre planos para tocar la tierra
desnudos o poblados de pudor alargados chatos
azul de cielo o color de lodo
peces de boca abierta fieros alacranes
cansadas siete leguas pidiendo esquina
sandalias con chaquira
huaraches piel de llanta
todos ellos dicen todos ellos cuentan
historias de princesas o de obreras
de peregrinas o de sedentarias somnolientas
son de una mujer que los deja cada noche
descalza pero con alas de Mercurio.









samedi 11 juillet 2009

MIS VOCHOS





VOCHOS


Vocho. Así llamamos en México a este coche tan simpático cuyo nacimiento es por demás dudoso: Ferdinand Porsche lo diseñó para el 3er Reich antes de la Segunda Guerra Mundial. Por fortuna, el régimen nazi nunca pudo ponerlo en circulación y cuando la guerra terminó, se volvió el automóvil de los pobres, de los mestizos, de los tercermundistas, precisamente de aquellos que Hitler quiso con tanta saña eliminar… Ironías de la vida.

Es un milagro de tecnología y de diseño. Sus formas redondas me remiten al vientre materno. Aguanta de todo y se adapta a todo. El mío se llama Papagena. Lo puedo componer con dos alambres y un pedazo de fierro. Puedo meter en él todo lo que se me antoje: las compras de la semana, gente conocida encontrada en la carretera, ropa, garrafones de agua, muchos libros, costales con comida para perro… alguna vez llegamos a transportar un mueble.

A estas alturas del partido me sería imposible venderlo. Dijo mi amiga Geneviève: “Ce serait comme vendre ton enfant!” Así que lo conservo, en parte por necesidad, en parte por snobismo. Muy pronto será una pieza de colección, un insecto de la prehistoria.

Y como es mi coche preferido, cada que salgo a la calle con mi cámara, tomo fotos de todos los vochos que encuentro: feos, bonitos, arrugados o flamantes, arreglados a lo loco, coleccionables, adaptados como bestias de carga o como deportivos; todos los colores, todas las transformaciones me gustan…

Comparto aquí algunos de ellos.

lundi 15 juin 2009



Lirio Garduño, escritora y pintora franco-mexicana

liriojp01@hotmail.com
Apartado 54, 36000 Guanajuato, Gto.,
México

BREVE CURRICULUM
Nací en la ciudad de México en 1960.
Escribo poesía desde que tenía 8 años, y publico desde que tenía 17, cuando participé en el taller de Paula de Allende, en Querétaro. Mis poemas aparecieron en “Uno más uno”, “Tierra Adentro” y “La Jornada”. Participé en la “Asamblea de Poetas Jóvenes de México”, de Gabriel Said (s. XXI, 1981). Hubo sin embargo un hoyo negro en mi trabajo como poeta, de 1983 a 1998, años en los cuales viví en París, Francia. Allá me casé y tuve una hija; trabajé como intérprete y como ilustradora. También hice exposiciones de pintura.

Regresé a México en 1998 con mi familia y escogimos para vivir la luminosa ciudad de Guanajuato. Sigo pintando y escribiendo. Publiqué los libros de poesía “Un viaje” (UG, 2001) y “El duende de las cosas repetidas”, (La Rana, 2006) e “Historias Naturales”, libro ilustrado para niños, en colaboración con mi hija Nina Buono (2007, Casa Municipal de la Cultura de Gto.) Dos reportajes míos aparecieron en el sitio web de la Editorial Taschen, de 2005 a 2007.

En 2001 fundé la Sala de Lectura “Perro Azul” para los niños de mi comunidad, San Isidro, a 10 km de Guanajuato. Hasta la fecha sigue funcionando y cuenta con un acervo bastante simpático y consistente. También comparto mis libros y los de mi Sala, con los jóvenes del Centro de Internamiento para Adolescentes, (DGRSA), ex Tutelar de Guanajuato. Allí imparto talleres de promoción de la lectura desde 2004, experiencia a partir escribí el libro “Memorias del Médium”, para el cual obtuve la beca de Ayuda a la Creación del Instituto de Cultura de Guanajuato en 2007. Traduzco textos para niños, del francés y del español.

He diseñado vestuario para la escena y me encanta la música, aunque toco muy mal el piano. Hablo cinco idiomas y un cuarto.

vendredi 29 mai 2009

POEMAS

POEMAS
(textos e imágenes LBG)



POEMAS DE MARRUECOS


CUADERNO DE VIAJE, VERANOLirio Garduño-Buono
(de El duende de las cosas repetidas,
Ed. La Rana, 2006)


PLAYA DE TEMARA

Los niños traen un cachorro
que parece tepezcuintle

¿quién se cansa de ver el mar?

Juegan con la arena
porque Nina
me pidió esta tarde una cubeta
como hace mucho tiempo

jugando con las algas
ella y Alejandra corren
se empapan y no creen
estar tan lejos.


JARDIN

Muro, techo de hojas
entrelazadas con sábanas
celestes


espinas
de agave enano
casi flores
jugosas

como su carne…




RECAMARA DE VERANO


Cuerpos
crecientes plantas tropicales
aroma de fauna
fluido animal
clavo
canela
melónsandía


Es él
son otros hombres
aquí en la penumbra
de un mediodía
interior.




DOS ARBOLES

Es casi un frasco de perfume:
higo verde, mandarina

En el terreno pardo
junto a la casa abandonada
dos higueras acogen al paseante:
abiertas manos de Fátima
sus hojas
vastos platos
para comerse el mundo
oscuro de los dibujos árabes

higueras en abrazo estrecho
con una anciana mandarina
claras nervaduras
por donde circula sangre verde
manos viejas
dispuestas a tocar con bendiciones

En su acorde
rugoso y retorcido
los cuerpos poblados de tatuajes
ponen nombres
a una historia no iniciada
se sienten sabios
y quizá lo sean
por esta música de aromas
desiguales: uno acido y vivo
otro sensual como de alcoba

invitan a la fiesta
de palpar sus troncos
a la danza baladí
de cada noche entre sus ramas
cicatrizadas
quién sabe cómo.





DOS POEMAS SOBRE LA DANZAEntre las cosas que más me gustan en la vida (aparte de la pintura y la arquitectura) está la danza. He escrito mucho sobre ella; a diario la practico y desde luego, disfruto intensamente viendo bailar…


EN LA LUZ

“Made in England”
dice el forro

tienen hoyos
en las gastadas suelas
masticadas como papel de arroz
a golpe de ritmos y silencios.

Siguen fieles a mis pies
les dan la elegante
punta de Pavlova
cuando las calzo de mañana
para mover luz y montañas

parecen no poder
dar un paso más:

por ti me las pondría
para ese extraño
último baile.



BAILARINA INDIA

Abrir las manos
sobre la alfombra
hilos índigo
trama de oro

las ventanas abiertas
como ojos
levedad egipcia
de felino

en mi tejido pulmonar
las viejas piernas
plié
grand - plié
dibujan
flores naranja

lloviendo sobre mi cara
la silueta de jóvenes palmeras
casi muchachas
recortadas por la tijera de Matisse

el rey triste se planta en el muro
diminuto, frágil
color violeta de Tolosa
habitando libros desplegados como días

aprendo su dibujo
en cada huella.






UN POEMA SOBRE CASASComo Nanni Moretti, soy una enamorada de la arquitectura, y podría pasarme días y días sólo viendo… ¡casas!


HABITAR

...y las casas
vivas o muertas
me fascinan:
llenas de objetos parlanchines
de invisibles gemidos
de risas,
de comidas.

Las casas son materia hirviente
lava deslizándose con lentitud de piedra
lienzos blancos
para pintar historias
lechos de sueño, de música,
de enredaderas
creciendo de prisa
por fuera,
por dentro
de los cuerpos.



UN POEMA SOBRE MUÑECASMe fascinan las muñecas, como esta Tutti fotografiada en un museo en New Jersey. Tengo muchas, algunas desechadas por mi hija.


MUÑECAS


Mensajeras de mi cuerpo
encargadas del correo del sueño
muñecas, dobles de mis días,
de mis mañanas,
pequeñez permitida
en recovecos,
en madrigueras,
en hoyos de ratón
en las corolas
del corazón de un fruto.

Muñecas inertes
expertas en secretas danzas
muñecas animadas
que corroen la piel de los infantes
consejeras y guardianas
muñecas de la luz
muñecas de la sombra
costillita de Adán
envuelta en seda.