samedi 18 juillet 2009

PASOS Y ZAPATOS


Entre las cosas que me fascinan, están los zapatos. Así que he aquí un poema sobre ellos:

COLECCION

No es la imbécil vanidad sino el recuerdo
del paso dado ni quien lo quita
del paso dado y de la herida
trazada en este mundo por mis pies.

Con los huaraches de San Luis
caminé un verano
por calles y playas de Cadaqués;
con los rosa mexicano de brocado
fui al teatro azteca de don Porfirio
me deslicé en marmóreos pisos
salude de beso al director de orquesta
entré al baño más lujoso que haber pudiere
y al camerino de la estrella

Con estos
rotos en las puntas de lona rosa casi blanca
camino en círculo la danza de mi cuarto
hago pliés y demi-pliés, pointes y demi pointes
frente a una barra de metal

Con los floridos tenis voy a trabajar a la cárcel para niños
pensando en que quizá el dibujo de naranja dulce
y flor de azahar les alegre los minutos.

Con las zapatillas negras y flexibles
sueño un baile y en realidad camino
por calles rugosas escarpadas cual montañas;
con las botas de minero exploro la planicie de una ciudad cercana
sus historias y sus patios.

Pueden ser lisos o violetas rayados o de flores
de plástico, de cuero o lona
con resortes integrados o tiras atravesando como puentes
planos siempre planos para tocar la tierra
desnudos o poblados de pudor alargados chatos
azul de cielo o color de lodo
peces de boca abierta fieros alacranes
cansadas siete leguas pidiendo esquina
sandalias con chaquira
huaraches piel de llanta
todos ellos dicen todos ellos cuentan
historias de princesas o de obreras
de peregrinas o de sedentarias somnolientas
son de una mujer que los deja cada noche
descalza pero con alas de Mercurio.









samedi 11 juillet 2009

MIS VOCHOS





VOCHOS


Vocho. Así llamamos en México a este coche tan simpático cuyo nacimiento es por demás dudoso: Ferdinand Porsche lo diseñó para el 3er Reich antes de la Segunda Guerra Mundial. Por fortuna, el régimen nazi nunca pudo ponerlo en circulación y cuando la guerra terminó, se volvió el automóvil de los pobres, de los mestizos, de los tercermundistas, precisamente de aquellos que Hitler quiso con tanta saña eliminar… Ironías de la vida.

Es un milagro de tecnología y de diseño. Sus formas redondas me remiten al vientre materno. Aguanta de todo y se adapta a todo. El mío se llama Papagena. Lo puedo componer con dos alambres y un pedazo de fierro. Puedo meter en él todo lo que se me antoje: las compras de la semana, gente conocida encontrada en la carretera, ropa, garrafones de agua, muchos libros, costales con comida para perro… alguna vez llegamos a transportar un mueble.

A estas alturas del partido me sería imposible venderlo. Dijo mi amiga Geneviève: “Ce serait comme vendre ton enfant!” Así que lo conservo, en parte por necesidad, en parte por snobismo. Muy pronto será una pieza de colección, un insecto de la prehistoria.

Y como es mi coche preferido, cada que salgo a la calle con mi cámara, tomo fotos de todos los vochos que encuentro: feos, bonitos, arrugados o flamantes, arreglados a lo loco, coleccionables, adaptados como bestias de carga o como deportivos; todos los colores, todas las transformaciones me gustan…

Comparto aquí algunos de ellos.