samedi 11 juillet 2009

MIS VOCHOS





VOCHOS


Vocho. Así llamamos en México a este coche tan simpático cuyo nacimiento es por demás dudoso: Ferdinand Porsche lo diseñó para el 3er Reich antes de la Segunda Guerra Mundial. Por fortuna, el régimen nazi nunca pudo ponerlo en circulación y cuando la guerra terminó, se volvió el automóvil de los pobres, de los mestizos, de los tercermundistas, precisamente de aquellos que Hitler quiso con tanta saña eliminar… Ironías de la vida.

Es un milagro de tecnología y de diseño. Sus formas redondas me remiten al vientre materno. Aguanta de todo y se adapta a todo. El mío se llama Papagena. Lo puedo componer con dos alambres y un pedazo de fierro. Puedo meter en él todo lo que se me antoje: las compras de la semana, gente conocida encontrada en la carretera, ropa, garrafones de agua, muchos libros, costales con comida para perro… alguna vez llegamos a transportar un mueble.

A estas alturas del partido me sería imposible venderlo. Dijo mi amiga Geneviève: “Ce serait comme vendre ton enfant!” Así que lo conservo, en parte por necesidad, en parte por snobismo. Muy pronto será una pieza de colección, un insecto de la prehistoria.

Y como es mi coche preferido, cada que salgo a la calle con mi cámara, tomo fotos de todos los vochos que encuentro: feos, bonitos, arrugados o flamantes, arreglados a lo loco, coleccionables, adaptados como bestias de carga o como deportivos; todos los colores, todas las transformaciones me gustan…

Comparto aquí algunos de ellos.

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