lundi 3 août 2009

Dos poemas sobre mitología prehispánica

Ilustraciones de Nina Olga Buono

COATLICUE

Quiero jugar
con tu falda de serpientes,
con tu collar
de humanas perlas:
“¡hueso, hueso,
cuánto hueso!”

Tus colmillos están listos
para el pozole de víbora
que me preparas cada noche,
madre,
“¡Suena, suena cascabel!”


Desde que lo recuerdo
fui arrullado con tu música
y comí de tu maíz
madre tierra, piel de barro,
regañona y gorda
así te quiero madre
con tus ocupaciones
de mover montañas
y hacer temblar el suelo;
de dar comida
y castigar a los que olvidan
que de ti nacimos
todos.

Madre de todos los dioses en la tradición azteca. Diosa de la tierra, del fuego y de los cielos del sur. Si bien representaba la primavera, es decir la vida, también se le asociaba con la muerte.




QUETZALCÓATL

Va bajando
escalón tras escalón
de la pirámide,
pero no cae como nosotros
pues desliza su piel
de papel lustre
y su plumaje
en sinuosa danza
cada solsticio.

Viene del interior
de la montaña
del exterior del aire;
fue perro ciego
colmillo de la sombra.

Bajó y bajó
para subir después
y con sus plumas
verde menta
traer presagios
de fin del mundo.





Dios azteca, tolteca y de otros pueblos mesoamericanos. Conocido como la “Serpiente emplumada” representa el poder creador, el agua, la vida, el viento, la bondad, la sabiduría. Es el protector de la agricultura.