lundi 24 mai 2010

EL GOL, un poema sobre la infancia


Para Jean Pierre

Él me dice que a veces la experiencia
no nos sirve y que nada
nos salva de meter la pata:
después de la vejez viruela;
aunque también es bueno olvidar que antes vivimos
y pensar que somos nuevos flamantes niños como hoy,
cuando su gozo es transparente,
duro como la piel de los ocho años,
brillante como un pedazo de vidrio
echando estrellas desde el piso en una playa.

Olvidar que crecimos, que hubo lágrimas, lagunas
mares y pantanos en los días,
estar aquí en el terciopelo de la cancha,
en el sudor primario del propio cuerpo
habitado por el antiguo chaparrito
que aprendió a tejer jugadas con los pies;
ver venir la bola, meterle gol a las penumbras
en el corto instante en que el azar
es hijo de la nada,
como una hoja en blanco para escribir
su deslumbrante asombro.

Sigue viviendo el gol después de lo vivido,
se pasa la jugada en cámara lenta, desde ángulos distintos,
y reconozco al niño de Rabat, al de la bici,
los cohetes, las banderas,
el de rodillas escarchadas y ojos enormes como faros;
el que contempla el mundo con sorpresa
desde el fulgor nunca perdido del origen.



2 commentaires:

  1. Ah! j'aime beaucoup... Je te garde dans mon équipe.JP

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  2. Me encanta. Yo terminé detestando el fútbol y totalmente alejado de las actividades deportivas -bueno, tengo 21, uno nunca sabe-, pero esto sí que es un gran recuerdo de la ifnancia. Aquellos años de la cascarita afuera. ¡Qué pitos importaba si era malísimo jugando!, uno cooperaba con lo que salía del acarreamiento de las bolsas de basura en la Unidad Militar para el balón nuestro de cada día.

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