jeudi 6 septembre 2012

Sobre la obra de Vanessa Salas


Fotos: Vanessa SALAS


SOBRE “Nosotros y Ellas”, OBRA DE VANESA SALAS.
Lirio Garduño-Buono
2012
   
    La primera vez que vi a Vanessa Salas, fue al final de un semestre en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Gto. Yo estaba con otra maestra en un salón junto a la biblioteca, y Vanessa vino a hablar con ella.  Me impresionaron de inmediato su gran belleza, su seguridad, su determinación.  A lo largo de los años, hemos coincidido.  La he visto evolucionar como artista, ir de la pintura a la escultura, del dibujo a las muñecas, esas muñecas inspiradas en Remedios Varo o en las Monjas Coronadas, en las sirenas o en la mitología prehispánica.  Por algo su marca Coladepez fue elegida para representar a la editorial Artes de México en los más importantes museos y Ferias del libro.  Esas esculturas blandas, representan de maravilla el alma mexicana. 

    De lejos y de cerca, he sido testigo de su vida y de su obra.  La he visto crear, la he visto hacer cosas por los demás, como la Sala de Lectura que fundó en su colonia.  La he visto involucrarse en una relación, convertirse en madre.  La vida y la obra van de la mano en su caso, y su última exposición:  Nosotros y Ellas cristaliza este hecho.  

    Se trata de 8 piezas, esculturas blandas, instalación, esculturas con materiales de reciclaje.  Como las piezas en un tablero de ajedrez, todas tienen su función y juegan en el tablero de la vida. Esta exposición me dice muchas cosas, me plantea múltiples interrogantes. Si bien Vanessa dice su vida a través de estas piezas,  también cuenta la nuestra:  la vida del cuerpo, de sus contingencias, de sus señales y de su estrecha relación con el espíritu. 
   
    En la pieza La familia, los tres personajes están realizados  en tela satinada gris perla, desnudos. La calidad de tersura y de brillo en su piel sugiere algo acariciante y tibio.  El pelo de los tres es sedoso, está hecho con plumas de avestruz.  Cabe señalar que alguien muy cercano a la artista es veterinario, y que suele trabajar con  avestruces.  El material físico le viene de allí, pero también algo del material simbólico:  un médico que trabaja con el cuerpo animal:  piel, pelo, órganos.  Esta pieza me sugiere algo primigenio.  Un hombre, una mujer, un bebé, figuras realizadas con minuciosa precisión que se presentan ante nosotros de manera contundente. “Así somos”, parecen decirnos.  Y son como un espejo límpido, porque todos hemos sido o somos uno de ellos:  el padre, la madre, el hijo.  El trayecto corporal, la historia contada en tres momentos. 
   
    Por eso,  la pieza-instalación que se encuentra en el piso, como una masa enorme de cabellos (estambre negro)  y de vísceras (estambre rojo) me conmueve y me cuestiona. ¿Qué es?  ¿tripas, una vagina?  Aquí se habla de  lo físico, de la animalidad en cada uno de nosotros.  ¿cómo resolvernos como seres humanos? ¿Cómo conciliar nuestra materialidad, el mero hecho fisiológico con lo que hace que nuestra vida tenga sentido? 

    La pieza Coronación nutricional  es una corona hecha con cucharas medidoras de leche en polvo para bebé. Conozco bien esos pequeños objetos.  Toda mamá los conoce, pero no es inmediato reconocerlos en el penacho diminuto de oro y plata que acoge al visitante en la exposición.  Una vez que el niño está aquí, hay que nutrirlo. Y no sólo nutrirlo con leche sino con palabras, con gestos amorosos.  Esta corona para la pequeña reina de la casa, sugiere esta doble tarea materna:  la nutrición biológica y la nutrición afectiva.  No puede existir la una sin la otra.

    En Tu mundo y el mío, huevos de avestruz y conchas marinas de diferentes dimensiones, están cubiertos por tejidos de gancho.  Esta pieza confirma que el huevo es origen, fertilidad.  Estos huevos protegidos, incubados, me hacen pensar fuertemente en ovarios, testículos,  lo fertil, la vida latente.  Las conchas marinas  me llevan al agua, al líquido amniótico, al fondo del mar, al origen de la  vida.

    La obra que más me impactó fue Niña Amada. Se trata de  una escultura blanda en la cual  dos manos de satín púrpura, sostienen a un bebé de satín y encaje blanco por medio de largos hilos.  Me parece que es la pieza que mejor habla de estos dos aspectos dentro de los cuales los humanos parecemos debatirnos: el lado físico aparece fielmente sentido, la sangre, el cuerpo;  y el lado cultural: el amor, la responsabilidad inmensa que significa traer al mundo, criar y educar un hijo.  En esta pieza está capturado el momento de la fertilidad, con los hilos rojos sosteniendo a la bebé. El cuerpo de la nena está hecho a partir de un ropón bautismal. Hay lazos de sangre y lazos con sangre, lazos invisibles y lazos visibles.  Es justo el vértice donde  las hormonas, el lado animal, se convierten en entrega, generosidad, trabajo, cualidades todas ellas culturales  y sociales.

    Mutuo consentimiento. Esta pieza habla de algo incómodo:  se trata de un vestido de novia forrado con espinas: el relato de un dolor constante e insoportable. Creo que tal y como la exposición se estructura, se trata de una digresión, de otra historia, enmedio de todas las afirmaciones de vida y de fertilidad.  ¿una ruptura? ¿abandono? El fuerte simbolismo del vestido de novia está presente porque es una prenda que se llevará sólo una vez en la vida y que sin embargo nos marca durante mucho tiempo:  la contradicción viva de lo efímero y de lo que se queda.  No deja de tener una relación con la obra de la brasileña Bel Barcelló, quien también trabaja con telas, con hilos, con bordados, objetos y actividades éstos que fueron durante siglos propios de las mujeres.  El forro de espinas, algo molesto, doloroso;  Diametralmente opuesto al ropón bautismal, anuncio de dicha y de futuro.  Estas dos obras,  complementarias y opuestas a la vez,  me recuerdan ciertas pinturas renacentistas y del clacisismo:  los pendants. 

    Las Venus que componen la obra Voces susurrantes., están realizadas con medias de nylon, prenda exclusivamente femenina.  Hablan, con un material moderno, de algo ancestral:  son Venus prehistóricas, símbolo de tierra,  de fertilidad.   Sus colores son también terrestres: café, antracita, gris, terracotta.  Colores minerales,  colores de la naturaleza.  Y al mismo tiempo, si los vemos con ojos de hoy, colores de las medias de las abuelas, de las tías, de las mamás...  ¿Qué nos susurran las Venus de Vanessa con sus cuerpos regordetes y llenos de chipotes?  Son al mismo tiempo vientres fecundos y viejas surgidas del fondo de las montañas;  algo volcánico y visceral, fuente de sabiduría y de invocaciones.  Son las sabias ancianas de las que nos habla Clarissa Pínkola en su “Mujeres que corren con los lobos”: acompañantes y chamanas en el camino de la existencia. 

    Nosotros estuvo expuesta  hace algunos meses como pieza central, en una muestra sobre la familia, en una galería de León,.  Aquí aparece de nuevo, en un contexto diferente, con diferente compañía.  Nosotros, dijo Vanessa, se inspiró en parte, en mi libro Memorias de la ropa. Es la ropa que habla de nosotros y por nosotros, la ropa que revela y que protege, la ropa que vive y muere.  En este caso, se trata de trozos, fragmentos de camisas,  mamelucos, de huipiles, baberos y jeans,  formando  las letras de la palabra “nosotros”, un miembro de la familia por cada letra. Una para el padre, una para la madre, una para la niña.  Collage en tres dimensiones, escritura en el espacio, declaración de amor y de principios. Texturas y colores suaves, costuras que unen.   
    Vanessa crea y estructura piezas llenas de sentido a partir de los materiales más diversos, que en sus manos se animan y  dicen lo que ella quiere que digan:  lana, plástico, vestigios vegetales y animales, ropa reciclada, nylon.... que una vez transformados, nos hablan de una gran maestría. 
    Pienso que esta muestra no es otra cosa que un álbum de familia, lleno de interrogantes y a la vez de certidumbres.  Bella cristalización de deseos y de acciones;   valiente reflexión no sólo sobre la maternidad y la paternidad, sino sobre las implicaciones afectivas y humanas del compromiso en las relaciones,  sobre la fuerza avasalladora de ciertos lazos.    
    Se puede leer esta colección como una historia, aunque las piezas también pueden separarse del conjunto y verse fuera de un contexto narrativo:  cada una tiene algo único, cada una es un ente que se expresa por sí mismo.  
     La muestra tiene justamente diferentes vertientes, diferentes ángulos desde los cuales podemos contemplarla e identificarnos con ella.  Por eso este conjunto de esculturas es tan poderoso:  porque la artista no sólo está contando su historia, sino la nuestra, la de todos, la de cómo, en mayor o menor medida nos las arreglamos con el cuerpo;  cómo ideamos puentes hacia lo cultural y hacia a las tareas del espíritu, a partir de nuestra mera existencia material.  .